Cuando hablo con amigos japoneses en primavera, siempre surge el mismo tema: "El polen es tan fuerte que me está matando". Las noticias transmiten diariamente el 'índice de polen de hoy' con gran seriedad, y las calles están llenas de personas con gafas antipolvo y mascarillas. La causa de todo este alboroto es el cedro japonés (sugi), un árbol que no creció de forma natural.
Es un bosque artificial plantado por el gobierno japonés después de la Segunda Guerra Mundial, con cientos de millones de árboles, para la reconstrucción del país. Esa decisión, 80 años después, se ha convertido en un problema social que está erosionando la calidad de vida. Si analizamos cómo sucedió esto, encontramos una historia que es un manual sobre el fracaso de las políticas ambientales.

El resultado de una política que buscaba 'plantar oro en las montañas'
Después de la derrota en 1945, Japón sufrió una grave escasez de madera. Para reconstruir las casas destruidas por la guerra y para la calefacción, los árboles de las montañas fueron talados indiscriminadamente, dejando las montañas japonesas desnudas. Por ello, en la década de 1950, el gobierno japonés impulsó activamente la política de reforestación a gran escala (拡大造林政策) para reverdecer el país y asegurar la madera necesaria para la construcción.
Los árboles elegidos por el gobierno en ese momento fueron el cedro japonés y el ciprés hinoki. El cedro japonés, en particular, crecía muy rápido y su tronco era recto, lo que lo hacía ideal para materiales de construcción. Bajo el lema "¡Plantemos oro en las montañas!", los japoneses talaron las frondosas originales y plantaron cientos de millones de cedros japoneses en su lugar.
El problema surgió cuando llegó el momento de 'cosechar' estos árboles. A partir de la década de 1970, la importación de madera barata y el aumento de los costos laborales en Japón provocaron un declive gradual de la industria forestal. Los cedros japoneses plantados en las montañas no fueron talados y quedaron abandonados, y después de más de 30 años, alcanzaron su apogeo en la producción de polen.
No es solo una picazón en la nariz
El polen del cedro japonés es tan pequeño y ligero que el viento puede transportarlo cientos de kilómetros. En particular, la topografía de cuenca única de Japón y el asfalto de las ciudades proporcionan el peor entorno para que el polen siga volando sin descomponerse.
Reducción de la productividad laboral
Según un análisis del Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón, las pérdidas debido a la reducción de la productividad laboral causada por la alergia al polen son enormes cada año. La disminución de la concentración, las ausencias frecuentes y los gastos médicos son obstáculos ocultos para el crecimiento económico de Japón.
Costos médicos y de prevención
Cada primavera, el mercado de medicamentos para la alergia crece enormemente. Aunque las compañías farmacéuticas estén contentas, las familias gastan dinero innecesariamente, y a nivel nacional, esto representa una gran carga para el presupuesto de la seguridad social.
No es solo una picazón en la nariz. Este fenómeno, que roba la concentración de toda la nación, puede considerarse uno de los contragolpes ambientales más graves que Japón está experimentando actualmente.
¿Cómo cambiar los árboles ya plantados?
Ante el creciente descontento de la gente, el gobierno japonés, tardíamente, comenzó a desarrollar variedades de cedro japonés con baja producción de polen y a reemplazar los cedros existentes con estas nuevas variedades. Sin embargo, cambiar miles de millones de árboles ya plantados es casi imposible.
El gobierno ha exigido el uso de cedro japonés de producción nacional en la construcción de edificios públicos para aumentar el consumo de madera, y también ha creado un sistema que utiliza inteligencia artificial para predecir con precisión la cantidad de polen en el aire. Incluso se dice que están investigando cedros japoneses que no producen polen mediante tecnología de edición genética. Sin embargo, la realidad es que la velocidad a la que cambian los bosques no puede seguir el ritmo del sufrimiento de las personas.
En última instancia, el problema del cedro japonés en Japón demuestra claramente las consecuencias de ignorar la diversidad del ecosistema en el pasado, buscando solo el beneficio inmediato. Creo que es un caso que sirve como un manual vivo para todo el mundo sobre la importancia de las políticas ambientales.
Para quienes viajan a Japón en primavera
Si tienes alergia al polen, viajar a Honshu en marzo o abril es, sinceramente, difícil. Afortunadamente, hay lugares en Japón donde no hay que preocuparse por el polen. En Hokkaido, debido al clima, casi no hay cedros japoneses, y en Okinawa, al ser subtropical, el cedro japonés no crece. Las Islas Ogasawara están a 24 horas en barco desde Tokio, pero son islas limpias completamente separadas del continente.
Si es inevitable visitar Honshu en primavera: mascarilla KF80 o superior es esencial, obtén una receta para medicamentos para la alergia antes de viajar, lávate las manos y sacude la ropa después de salir. También es útil verificar de antemano si el alojamiento tiene purificador de aire. Si es posible viajar después de mayo o en invierno, es lo más cómodo.